La crisis migratoria de Ceuta: cuando el verdadero efecto llamada es la escasez de mano de obra en Europa

La escasez de mano de obra en España y Europa mantiene una demanda constante de trabajadores migrantes, mientras las vías legales de entrada siguen siendo limitadas. Esta brecha ayuda a entender por qué décadas de restricciones fronterizas no han conseguido evitar la migración irregular ni la aparición de nuevas crisis en las fronteras.

Las crisis migratorias que periódicamente se producen en Ceuta, Canarias y otros puntos de la frontera europea suelen concentrar la atención en las llegadas y en el control fronterizo. Sin embargo, detrás de estas situaciones existe una realidad más compleja: la necesidad de trabajadores en numerosos sectores de la economía europea convive con unas posibilidades limitadas de migrar de forma legal.

España es un buen ejemplo de este desajuste. Sectores como la agricultura, la construcción, los cuidados, la limpieza, la hostelería, la industria alimentaria o los servicios de reparto necesitan trabajadores de manera continuada. El envejecimiento de la población, el aumento del nivel educativo y la incorporación al mercado laboral de generaciones menos numerosas han contribuido a aumentar esta necesidad de mano de obra.

La evolución de la emigración desde Marruecos ayuda a comprender esta relación. A pesar de la mejora de las condiciones de vida y del desarrollo económico experimentado por el país durante las últimas décadas, la emigración hacia Europa no ha desaparecido. El desarrollo también ha ampliado las expectativas, los recursos y las posibilidades de emigrar, mientras que las diferencias salariales y las oportunidades laborales existentes en Europa continúan haciendo atractiva la migración.

Los propios ciclos económicos muestran hasta qué punto empleo y migración están relacionados. Durante la crisis económica de 2008-2014, la llegada de población procedente de Marruecos descendió de forma considerable y volvió a crecer cuando se recuperaron la economía y la demanda de trabajadores. Desde esta perspectiva, la disponibilidad de empleo funciona como uno de los principales factores de atracción.

Las restricciones fronterizas, por sí solas, tampoco han eliminado estos movimientos. Cuando existen oportunidades laborales pero faltan vías legales suficientes para acceder a ellas, parte de la migración termina desplazándose hacia la irregularidad. Esto puede favorecer rutas más peligrosas, situaciones de mayor vulnerabilidad y una permanencia irregular que dificulta posteriormente la integración social y laboral.

El reto pasa, por tanto, por mirar más allá del control de las fronteras y abordar también las condiciones que están detrás de estos movimientos. Acercar las políticas migratorias a las necesidades reales del mercado laboral, ampliar las vías legales y mejorar las condiciones de empleo son algunas de las cuestiones que plantea el autor para reducir ese desajuste y evitar que las mismas situaciones de emergencia vuelvan a repetirse.

Fuente: EL PAÍS